22 may. 2011

Móviles espías y protección de datos

La tecnología está presente en múltiples ámbitos de la vida diaria, y desde la popularización de los teléfonos móviles, nos acompaña casi en cada segundo de nuestra existencia. Aunque las ventajas que proporciona son evidentes, y así lo pone de manifiesto el alto porcentaje de población usuaria de estos dispositivos, lo cierto es que también representa un problema por la dependencia que provoca en los usuarios y por el riesgo de quebrantar su privacidad.
Son muchas las entidades y organizaciones que advierten constantemente de los problemas de privacidad inherentes a la navegación por Internet, pero no son tan activas cuando se trata de vigilar el uso de los teléfonos móviles inteligentes. En ellos confluyen incluso mayores riesgos, ya que al propio de la comunicación móvil se suma el de la navegación móvil de banda ancha, que implica el envío y recepción constantes de datos hacia y desde el usuario sin que éste sea consciente en muchas ocasiones.
Los datos de ubicación de los usuarios de iOS y Android son almacenados sin su consentimiento
A esto hay que unir que los sistemas operativos móviles admiten poca o ninguna intervención del usuario a la hora de establecer políticas de protección de datos o configurar qué información queremos que sea almacenada o enviada al fabricante, al desarrollador de las aplicaciones o al operador de telefonía móvil. Y no han sido pocas las ocasiones en las que se ha descubierto que aplicaciones y proveedores recibían datos de ubicación, actividad o información del usuario sin su consentimiento.
Precisamente éste es el caso de Apple con su sistema operativo iOS y de Google con su Android. Hace una semana unos investigadores presentaban un estudio en el que demostraban que el sistema de la compañía de la manzana almacenaba un registro de los movimientos de los usuarios de sus teléfonos móviles. Estos datos de ubicación se refieren tanto a la posición geográfica -a través del GPS del terminal- como a la registrada por las antenas de telefonía móvil a las que se va conectando el móvil según el usuario se va desplazando. El archivo que almacena estos datos no está encriptado, por lo que supone una brecha de seguridad grave para los usuarios. Al parecer esto solo ocurre con los móviles que tienen la versión 4 del sistema de Apple.
Mientras esta noticia se publicaba en los medios de comunicación de medio mundo, otros investigadores confirmaron un registro similar por parte de algunos modelos de smartphones con sistema operativo Android de Google. Las alarmas de la privacidad suenan a toda máquina mientras Steve Jobs, el máximo responsable de Apple, desmiente estas informaciones sin dar mayor explicación. Ya puestos a investigar, también se ha puesto Windows Phone bajo la lupa, y resulta que algunos datos del usuario son enviados a Microsoft, entre ellos las coordenadas del GPS y datos de las redes WiFi cercanas.
¿Qué es lo que está pasando? ¿Cuánto tiempo llevan las compañías espiándonos sin nuestro consentimiento? ¿Alguien se ha parado a calcular el valor de esta información y su potencial para empresas suministradoras de productos y servicios? Conocer el patrón de movimiento de millones de usuarios, sus hábitos de uso y su ubicación en cada momento es demasiado sensible como para no darle importancia.
En Estados Unidos están preocupados por este asunto, y han convocado a los principales fabricantes de sistemas móviles a una reunión en la que deberán explicar qué es lo que recopilan y con qué objetivos. Google, Apple, Microsoft, HP, Nokia y RIM tendrán que poner las cartas sobre la mesa e informar de sus políticas en este sentido.
Mientras tanto, en España poco o nada se ha dicho de este asunto, y no parece que se vaya a poner en marcha la misma maquinaria burocrática que impulsa acciones como la Ley Sinde o el canon digital contra fabricantes u operadores de móviles a los que se permiten muchas licencias, como por ejemplo vender terminales bloqueados que no están obligados a liberar aunque el usuario cumpla su parte del contrato (verídico, me ha ocurrido personalmente con Orange). ¿En qué posición quedamos los usuarios? ¿Realmente debemos ser nosotros quienes nos ocupemos de blindar nuestra identidad digital móvil? ¿Nos parecería bien que nos vendieran coches bloqueados para un único proveedor de gasolina que, además, informasen al fabricante de dónde vamos y qué hacemos en cada lugar? Sin embargo, aquí estamos, dejando que nuestro móvil nos espíe sin más consecuencias.
Si el móvil nos está espiando sin nuestro consentimiento deberíamos exigir a las autoridades una respuesta proporcional a la gravedad del delito. Pero parece que hay otras cuestiones, como la protección de la propiedad intelectual, que están por encima de la protección de datos y la privacidad. Y además, dan mucho más dinero. ¿O no?

Fuente: http://blog.pcactual.com

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